Weber apaga la cámara IA del June Oven: lo que un air fryer de $90 ya hace mejor
El 22 de septiembre de 2026 el horno inteligente June perderá su nube, su app y la famosa cámara que reconocía alimentos. Mientras tanto, freidoras de aire por menos de 100 dólares ofrecen la misma función sin suscripciones ni cuentas. Una historia de obsolescencia programada y de cómo la IA de cocina se volvió commodity.
El 22 de septiembre de 2026, en algún depósito de Illinois, alguien en Weber va a cortar el acceso a la nube del June Oven. El horno de casi mil dólares volverá a ser, básicamente, un tostador caro con botones manuales. La función que lo hizo famoso —esa cámara que miraba tus muslos de pollo y decidía sola cómo cocinarlos— desaparece para siempre.
Lo más llamativo no es que Weber cierre el servicio. Es que la misma magia que en 2015 costaba 1500 dólares ahora se consigue en freidoras de aire que valen menos de lo que cuesta una buena cena. La tecnología no empeoró. Simplemente dejó de ser lo suficientemente exclusiva como para justificar su mantenimiento.
Weber no emitió comunicado oficial. Los dueños del June se enteraron por correo electrónico. Al mismo tiempo, la empresa sigue invirtiendo fuerte en Weber Connect, la plataforma de parrillas inteligentes que, irónicamente, tuvo su origen en los ingenieros que trabajaron en el June. El mensaje implícito es claro: la cocina conectada vale la pena cuando se adosa a una parrilla que sigue vendiéndose. No tanto cuando se trata de un horno que ya nadie fabrica.
En el otro extremo del espectro está la Daewoo Actuate. Es la versión más básica y, en ese sentido, más honesta de la idea original del June. Una cámara interna mira lo que hay en la canasta, lo compara con una docena de presets (papas fritas, salchichas, pollo) y ajusta tiempo y temperatura automáticamente. Sin app, sin cuenta, sin suscripción. Cuesta entre 90 y 100 dólares según el día y el vendedor.
Algo parecido ocurre con la freidora Culinix de 8.5 cuartos que se vende en Estados Unidos. Su lista de alimentos reconocidos —chicken goujon, fish finger, beef joint, chick pea— suena sospechosamente idéntica a la de Daewoo. Es probable que ninguno de los dos haya desarrollado la cámara: simplemente compraron el mismo módulo a un fabricante genérico de Asia y lo pegaron en sus cajas, como ocurre con la mayoría de los cargadores USB del mundo.
Hay otras aproximaciones interesantes. Emerson decidió saltearse la cámara y ponerle oídos a sus freidoras SmartVoice: decís “cook pork chops” y el aparato obedece. Todo el procesamiento ocurre localmente, sin wifi ni aplicación. Puede sonar menos glamoroso, pero resuelve un problema real para personas con artritis, baja visión o que simplemente tienen las manos llenas de pollo crudo.
Otros jugadores optaron por abandonar la adivinación. La Mijia Pro de Xiaomi incorpora un tanque de agua que permite cocinar al vapor y sous vide además de freír por aire, cambiando realmente la física del resultado. Dreo va más lejos con su ChefMaker: clava una sonda en la carne y mide la temperatura interna real en lugar de intentar inferirla desde una foto. Es, de todas las opciones, la única que no se basa en una suposición.
Mientras tanto, el nuevo horno de Anova mantiene la cámara de reconocimiento de alimentos, pero la función solo está disponible si pagás una suscripción mensual. El verdadero dilema en 2026 no es cámara versus voz versus sonda. Es si realmente sos dueño de la inteligencia que hay en tu cocina o simplemente la estás alquilando a una empresa que puede desconectarla cuando deje de cuadrar en su hoja de cálculo.
El caso del June Oven no es aislado. Forma parte de una tendencia más amplia de promesas de smart home que terminan en obsolescencia digital planificada. Lo que empezó como un objeto futurista se transforma en un ladrillo caro apenas la empresa pierde interés. Mientras tanto, la funcionalidad que alguna vez fue premium se democratiza en productos baratos, sin suscripciones y, muchas veces, más confiables porque no dependen de servidores remotos.
Quizás la lección más incómoda sea que, en materia de cocina inteligente, lo más inteligente hoy no es lo más caro ni lo más conectado a internet. A veces es simplemente el aparato que hace una cosa útil, de forma predecible y sin pedirte que crees una cuenta.