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La nueva instrucción cívica
Juan Pablo Ringelheim
Sería posible hacer una historia de dos regímenes de dominación a partir de los modelos telefónicos hegemónicos.
Hubo un tiempo en que el teléfono ocupaba un lugar central y estable en la casa, como el santuario, o la cocina-comedor. Cuando sonaba, los miembros de la familia se entregaban a una sutil carrera, como si llegaran noticias del otro mundo. Alguien preguntaba: ¿Quién es? Una voz desde el otro lado respondía: soy Ricardo, el Doctor. Un nombre y una función social. Había entonces un lugar en la casa, desde el cual se hacía una pregunta por el ser, y se encontraba una respuesta con una identidad estable. Y también había otro mundo. Un mundo de plena realización religiosa o política: utópico, del que se esperaba una palabra. Esa palabra, si llegaba, regiría la vida de la familia, hoy diríamos: de modo “autoritario”.