miércoles 12 de diciembre a las 19 en el CIA
Ingrid Sarchman
Poner en relación los términos “ciencia” y “cultura” remite inevitablemente a una primera pregunta. Y este modo de comenzar a desarrollar las ideas tiene varias razones, pero obedece, especialmente, a la necesidad de no suponer ninguna certeza. La pregunta, en ese sentido, no sólo es saludable, porque habilita la posibilidad de cuestionarse, sino que además, permite entender que el campo es complejo y no puede ser tomado desde supuestas verdades absolutas.
La primera pregunta que surge es: ¿hay necesidad de definir los términos del título? ¿Qué es ciencia? ¿Qué es cultura? Podríamos afirmar que en principio, esta pregunta se puede contestar con un “no”, porque seguramente algo de ambas es lo que se irá desarrollando a lo largo de este artículo. En ese sentido, no se trata de explicar las palabras como si se tratara de un diccionario de definiciones, sino, más bien, de advertir que cada uno de ellas puesta en relación con la otra obedece a una perspectiva, y es sobre esta relación que nos interesa trabajar.
Hay una segunda pregunta que surge casi como una consecuencia inevitable del subtítulo y se trata justamente del problema de la transposición de géneros: ¿Cómo fue posible pasar del género literario al cinematográfico? En esta novela, la pregunta no es menor, ni se puede contestar desde un simple pasaje de lo escrito a lo visual, porque el argumento se basa en una noción difícil de representar: la figura del monstruo. Tampoco cabe la posibilidad de plantear las cosas desde ese lugar común que sostiene que cada vez que una novela pasa al cine se pierde gran parte de su riqueza. Más allá del grado de afinidad que se tenga con cada género en particular, cada uno presenta ventajas y desventajas y por eso mismo interesa menos hacer un planteo valorativo de uno en detrimento de otro, para resaltar, en cambio, las particularidades de los diferentes lenguajes.