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No me resigno a ser pared

Graffitis y pintadas en la ciudad artefacto

Claudia Kozak

No me resigno a ser pared

 ¿Cuál es el problema con las paredes? ¿Por qué una pared en alguna de nuestras ciudades –la ciudad de Buenos Aires en este caso, desde donde escribo– dice no resignarse a ser (¿sólo?) pared? El graffiti que da título a este texto permite abrir el debate por el carácter y  la necesidad de las inscripciones urbanas no legales contemporáneas en el marco de lo que me gustaría llamar la “ciudad artefacto”. Ciudad mecanismo, muchas veces descompuesto, que da la medida de las condiciones de nuestro (des) habitar. Sin embargo, no se trata de una cuestión de planificación urbanística, esto es, no se trata de una cuestión que se resuelva con una mejor gestión urbana. La ciudad moderna ya había nacido herida y las contemporáneas difícilmente podrían desconocer esa marca en el orillo. La ciudad artefacto lleva inscripto el graffiti como cualquier otro artefacto técnico lleva inscripto su propio accidente, su propio efecto no deseado. Esto ha ocurrido tal vez siempre, pero más específicamente desde los inicios de la Modernidad a esta parte, por la complejidad del entramado técnico-social que acontece velozmente, se hace aún más visible. Así como el ferrocarril inaugura la posibilidad del descarrilamiento o el barco la posibilidad del naufragio, según la formulación de Paul Virilio, agrego aquí: la ciudad artefacto implica la posibilidad del graffiti que transgrede su norma. 

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