Umberto Galimberti
1. El hombre y la técnica. Estamos todos persuadidos del hecho de que habitamos la edad de la técnica, cuyos beneficios gozamos en términos de bienes y espacios de libertad. Somos más libres que los hombres primitivos porque tenemos más campos de acción en los cuales insertarnos. Toda nostalgia, todo desapego respecto de nuestro tiempo tiene algo de patético. Pero, en la fruición con la que utilizamos instrumentos y servicios que achican el espacio, aceleran el tiempo, atemperan el dolor, diluyen las normas sobre las cuales han sido cinceladas todas las morales, corremos el riesgo de no preguntarnos si nuestro modo de ser hombres no es demasiado antiguo para habitar la edad de la técnica, una edad que no nosotros, sino la abstracción de nuestra mente, ha creado, y que nos obliga –con una obligación más fuerte aún que la que establecía cualquiera de las morales escritas a lo largo de la historia— a entrar y tomar parte.