artefacto 6

Artefacto / 6

- 2007]

Arte y Técnica

El nudo

Claudia Kozak

El nudo

En el centro, un hueco tenso. Aire comprimido por hilados entrelazados que, de aflojarse por completo, nos dejarían con nada. Las relaciones entre arte y técnica constituyen, en efecto, un nudo difícil de desatar. O incluso, un nudo que quizá no convenga desatar del todo, en el sentido de pretender agotar los esfuerzos por separar las partes, los hilos, y aflojar toda tensión. Correríamos el riesgo en tal caso de quedarnos con nada. Aire ya sin tensión, débil, de algún modo complaciente en su justo medio.

Las relaciones entre el arte y la técnica, en cambio, merecen quedar en el terreno de la polémica. Dar batalla, como sea, es mejor en este caso que asumirlas como “lo dado”. El siglo XX, y lo que va del XXI, han sido escenario privilegiado para una contienda tal porque fueron y son tiempos que se conforman en tanto espacio técnico inéditamente omnipresente. Y el arte, en el proceso de su autonomización moderna, se había ilusionado con cierto halo de inmunidad. Luego el espacio técnico arrasó con la ilusión. Colonizó milimétricamente la existencia hasta el punto de no dejar nada por fuera de él. Es cierto que las máquinas –las grandes máquinas– habían dado el tono ya en siglo XIX, pero en su gigantismo dejaron escapar aún algo existencial hasta cierto punto intocado. Más tarde, eso ya no sería posible. En su primera novela –inconclusa– Julio Verne imaginó la ciudad de París en el siglo XX como consecución lineal de esa enorme presencia asociada, certeramente, al modo social-económico-político capitalista: cuando el protagonista entra al hall de un banco, éste se encuentra presidido por una inmensa, inconmensurable, máquina de calcular. Literalmente, una inmensa máquina calculadora ocupa el espacio central del banco. Sin embargo –a diferencia de lo que Verne imaginó– las máquinas comenzaron un proceso de achicamiento y flexibilización: aún antes de que se achicaran materialmente, cosa que no fue quizá tan evidente hasta muy entrado el siglo XX, el artefacto técnico encontró la forma de amoldarse a la escala humana a partir de la colonización de la cotidianeidad. Dejó de sobresalir, no por desaparición sino por ocupación casi total, homogénea, del espacio social.

www.prometeolibros.com
Volver arriba